Sunday, October 01, 2006

Comunicación y Reproducción Social: la Estrategia Conservadora

por: Mario A. Revilla Basurto UNAM Acatlán, Primavera 1997

El trabajo que a continuación expondré tiene como objetivo compartir algunas reflexiones, totalmente propositivas y dispuestas a la crítica, sobre nuestro campo de estudio y trabajo, la comunicación: sin duda, práctica social fundamental, en tanto que fundante de lo social, y a la sazón, imprescindible, que día a día se nos aparece como más importante, ya sea porque cada vez nos interesamos más por aprenderla -y aprehenderla también-, sea porque en las sociedades modernas dependemos cada vez más del uso pertinente de la información.
Ahora bien, desde muy temprano, mis reflexiones sobre la comunicación han estado ligadas a otros asuntos, como la cultural, el control social, la ideología, todos ellos relativos a una cuestión más general, la reproducción social.
En realidad, nada nuevo: se puede decir que buena parte de los estudios sobre comunicación han estado, de una manera u otra, ligados al análisis de las formas en que la sociedad se organiza y se reproduce. Es, por decirlo así, un tema clásico para el saber comunicativo, porque nunca se agota, porque siempre ofrece vertientes y pendientes que nos abren la puerta a la reflexión.
¿Cómo se hace la comunicación? Es decir, cómo se piensa, se diseña, se realiza; con qué finalidad, para qué usos. En suma, para qué comunicamos.
Estas preguntas apuntas o tienen que ver con Wiener y su teoría y el auto ajuste, pero también con los autores latinoamericanos que desde sus críticas a las ideologías dominantes se acercaron a revisar el fenómeno de la comunicación: nos preguntamos por la comunicación y la organización del sistema social, pero también por la comunicación y su relación con el poder. Y tiene que ver también con la imperosidad de la acción comunicativa y su institunacionalización.
De alguna manera, esas preguntas también apuntan hacia la oposición que se debatía en el Coloquio sobre el campo académico de la comunicación, hace 4 años: la comunicación ¿es una técnica o una percepción? De dónde o de quiénes viene la idea de que la comunicación es un conjunto de habilidades -y por ende deben ser el contenido de los planes de estudio en las universidades-; de dónde o de quiénes la idea de que la comunicación es más bien una representación una mirada y una manera de mirar. Lo cual, me parece, es una versión más de la disputa sobre el conocimiento en general y el comunicativo en particular: el conocimiento es una técnica, un saber utilitario; o es una reflexión, un aprendizaje crítico a la búsqueda de opciones y alternativa de pensar y de ser.
Digamos que la manera en que se concibe a la acción comunicativa, determina la manera en que se concibe o realiza la práctica comunicativa y aun cómo se enseña: para controlar, en el sentido de dominar, o para compartir, para reconocer al Otro y desde ese reconocimiento compartir la pasión. Si la comunicación se concibe como un espacio de control y dominio, su práctica se interesará en un saber hacer para controlar; por otro lado, si se entiende como un espacio de reconocimiento y convivencia, la práctica comunicativa será más una ética de entendimiento libre o mejor: una técnica al servicio de esa ética de la comprensión.
Volveremos sobre esta idea, pero vayamos por partes. Primero, expondré el concepto de reproducción social, de comunicación institucional y su articulación. Enseguida, reflexionaré sobre las relaciones de poder y el papel que en éstas juega o se asigna a la comunicación. Tras de esta dos premisas, propondré las respuestas a los problemas planteados, sobre cómo se concibe a la comunicación y, por ende, cómo se le diseña, se le produce y se le usa.
1. Comunicación Institucional y Reproducción Social
Las sociedades actúan y se desarrollan en la dialéctica producción-reproducción social. La producción, se entiende como el conjunto de acciones que la sociedad realiza para subsistir y garantizar la existencia, implica necesariamente la producción de bienes materiales y la incorporación de innovaciones tecnológicas y organizacionales. La reproducción se entiende como las acciones tendientes a inculcar e interiorizar las formas y los significados de la producción, da sentido a la existencia, es la experiencia social acumulada. El orden social puede entenderse entonces, como un complejo dialéctico de producción y reproducción, donde producir implica la intromisión de lo nuevo que se opone y violenta a la experiencia consolidada, y donde el orden reproductor impone límites y exigencias a la capacidad de producir. Sin embargo, la producción requiere del anclaje del conocimiento aprobado y sabido y la reproducción requiere incorporar el cambio para ampliar lo ya sabido y con ello, la posibilidad de enfrentar ventajosamente los conflictos y exigencias provenientes del medio, interno y externo. La evolución de los sistemas sociales estaría determinada, entonce, por su capacidad para admitir o introducir cambios productivos -lo cual las hace más o menos aptas- y por la apertura reproductiva para incorporar nuevas formas y significado en el proceso enculturizador -lo cual las hace más o menos viables (Serrano P., 88). La reproducción social, traducida en proyecto, puede apostar por la innovación, estrategia normalmente asociada a grupos emergentes; puede optar, en cambio, por una estrategia conservadora, asociada a grupos con posiciones hegemónicas o en decadencia.
Ahora bien, la comunicación es una forma específica de acción social que interviene en los procesos de producción y reproducción social, porque la producción e intercambio de signos son fundamentales tanto en la organización del trabajo, como en el desarrollo e incorporación de nuevas tecnologías, en el campo de la producción. Y en el campo de la reproducción, porque la comunicación es el espacio donde objetivan y difunden los símbolo y valores que conforman tanto la cosmovisión de las sociedadess, ese depósito de la experiencia colectiva que da sentido a la sociedad y al individuo y a las relaciones entre sociedad, individuo y naturaleza, como las versiones ideológicas de esas cosmovisiones. A esta práctica comunicativa se le reconoce como comunicación pública.
La comunicación pública institucionalizada es la forma en que cada sociedad ha garantizado la intervención de la comunicación en la organización, objetivación y difusión de la información necesaria para la producción/reproducción sociales. El carácter institucional de la producción de comunicación se establece, por un lado, por la asignación de recursos financieros, tecnológicos y organizacionales, así como por la incorporación de personal especializado. Por el otro, por una serie de rasgos más o menos formalizados que permiten distinguir un modo de adquirir, procesar y distribuir información legítimamente: la comunicación institucional se ocupará casi exclusivamente de temas referentes a las instituciones sociales, o sea, tienen prescritos los temas de los que cabe comunicar y el tratamiento que se les debe dar, goza de confiabilidad y autoridad y establece quiénes pueden actuar como comunicantes, cuándo y dónde (Martín S., 93; p. 72 y ss).
Por supuesto, la comunicación institucional está íntimamente ligada al proceso de reproducción social, pero no en abstracto: está ligada a un proyecto social, a una propuesta de organización de los grupo hegemónicos.
Los proyectos sociales contemplan también una idea de comunicación, establecen lo que se ha designado como el modo de producción de comunicación pública (Martín S., p. 93; p. 85 y ss). El sistema social moderno, ee que ubicamo desde el S. XVII, ha desarrollado el sistema de producción y difusión masiva de productos comunicativos. En su momento, este sistema se utilizó para difundir ideas tan novedosas y emergentes como el proyecto social que proponían -y como el propio sistema de comunicación-; en este fin del siglo XX, al parecer se utiliza para difundir ideas tan conservadoras y hasta regresivas, como lo son los grupos que ocupan las posiciones hegemónicas.
2. Comunicación y Hegemonía
El planteamiento de las relaciones de poder, lo haremos desde el concepto de hegemonía. Esta puede entenderse, por un lado, como una posición de supremacia de un grupo o grupo en la sociedad o en un campo específico de lo social. Por otro lado es una conducción que se imprime a la acción social, desde esa posición.
Pero también es un proyecto (Portelli, 79) (1). Estas tres consideraciones nos llevan a pensar en la hegemonía como un proyecto social que logra imponerse a otros posibles proyetos, impulsado por un grupo sí, pero que logra de alguna manera, involucrar consensualmente a loss otros grupos en este proyecto, por eso lo comparten o, por lo menos, lo siguen. El proyeto de sociedad, es decir, la manera de concebir al individuo, a la sociedad, a la naturaleza y las relaciones entre éstos, es lo que imprime un sello a la acción social. Y el impulsar ese proyecto específico, es lo que coloca al grupo que lo sustenta en una posición privilegiada. Todo esto dicho, de manera un tanto esquemática.
Interesa resaltar que la hegemonía se construye y se ajusta, tanto con las acciones como con los discursos, esto es, no es algo dado y quito. En segundo lugar, que la hegemonía no es privativa de un solo grupo, más bien, en cada campo social se pueden distinguir grupos hegemónicos, los cuales hasta pueden proyectos distintos y en competencia, pero no se contradicen fatalmente. Por último, que el o los grupos hegemónicos, con sus acciones y discuros, se sostienen en esa posición en la medida en que ofrecen modelos de acción eficaces para enfrentar y resolver los problemas sociales y por tanto, mantienen el consenso legítimamente. En este diseño/construcción el grupo hegemónico dispone/desarrolla mecanismos para apropiarse de los recursos sociales, materiales y simbólicos, que le permiten asegurar su posición. La hegemonía se cuestiona sólo en la medida que su proyecto es capaz de seguir ofreciendo un modelo viable para la sociedad en conjunto.
Cada complejo de hegemonía construye no sólo los valores que caracterizan a la posición privilegiada, sino sus símbolos, sus maneras de llegar o de acceder a ellos -a veces hasta ilegalmente- y los mecanismos de difusión y enseñanza. Esto es lo que da completitud y coherencia al proyecto social: establece el deseo u objetivo, la satisfacción o el logro y los medios para alcanzarlos.
Entre el proyecto o el complejo de ideas que lo componen en lo abstracto y los individuos completos hay una serie de mediaciones, que articularn estos dos niveles. Entiendo que el concepto de hábitus ayuda a explicar este ajuste. El hábitus sería un sistema de principios generadores y organizadores de prácticas y representaciones (Bourdieu, 91; p. 92). El proceso mediante el cual los individuos aprenden, interiorizan y practican el proyecto social, que abarca prácticamente todos los ámbitos de vida: amor, familia, trabajo, participación política, principios éticos y estéticos.
Este dispositivo de percepciones y prácticas, estructuradas y estructurantes, se adquiere/construye/funciona en la práctica cotidiana, en cada momento de vida y se comprueba a cada paso. Pero también distingue a cada grupo social y su posición, estructura sus aspiraciones y los medios para lograrlas. Es decir, también organiza la división social: los miembros o agentes de cada clase o grupo aprenden los límites de sus aspiraciones, reproduciendo así su sentimiento de clase, y con sentimiento quiero decir, su esquema de percepción de clase y de grupo específico.
Estos dispositivos se aprenden simbólicamente en cada práctica, pero se anticipan y refuerzan en la comunicación. La comunicación, apuntábamos arriba, objetiva los valores y principios que orientan la acción social en relatos donde ofrece situaciones viables y las maneras de objetarlas. La comunicación media entre la acción práctica y las representaciones sobre la sociedad y sobre la propia acción (Martín S., 93; p. 107 y ss y 78; p. 49 y ss).
Decimos que los grupos hegemónicos se apropian de los recursos que permiten reproducir su posición, en la medida y al ritmo que se reproducen la sociedad a su imagen y semejanza: la comunicación es uno de esos recursos. Por eso la construcción de hegemonía pasa por la expropiación e institucionalización de la comunicación, donde el proyecto social se reproduce en dos niveles. En la práctica comunicativa en sí y en la objetivación en relatos y productos comunicativos concretos. En la práctica comunicativa, porque es la forma de legitimar al sistema de comunicación; en el proceso de objetivación de valores y principios, porque es así como propone los modelos que ordenan y dan sentido a las relaciones y la acción social -esto entre otras prácticas enculturizadoras, como las familiares, religiosas, escolares, etc.
Entonces la mirada hegemónica se construye y reconstruye en la comunicación, pues al mediar entre la realidad social y la conciencia de los sujetos sociales, seleccionan ciertos datos y ciertas interpretaciones sobre esa realidad y deja de lado otros datos y, sobre todo, otras interpretaciones (Martín S. 93; p. 122 y ss).
Sin embargo, el análisis del papel que juega la comunicación en la construcción de hegemonía estaría incompleto si nos quedamos en el señalamiento de lo que hacen los grupos dominantes, olvidando lo que hacen los grupos subordinados. El público consume la comunicación cargado de intereses, miradas y espectativas. De ahí se despreden dos corolarios: no para todos la comunicación dice lo mismo ni todos hacen lo mismo con los datos comunicados. Hay exigencias hacia los agentes productores de comunicación, el consumo de la comunicación no es pasivo, parte la pone la institución comunicativa -o industria cultural- y parte la pone el público que la consume y la usa (Martín E., 87). La comunicación no puede solamente atender las necesidades o intereses de quienes la producen o de las instituciones, precisa atender a la comunidad.
Por eso el análisis de la comunicación se entrelaza con el análisis de la cultura, de las formas y procesos del poder, y se torna "cuestión de mediaciones más que de medios" (Martín B., 87; p. 10): los sistemas de comunicación perdurarán como institución en la medida en que provean de la información que facilite el ajuste al cambio del entorno y de la propia sociedad, es decir, la información necesaria para que la formación social produzca y se reproduzca (Martín S. 93; p. 79). Cuestión íntimamente ligada a la viabilidad y actualidad del proyecto social que se expresa en esa información.
3. La Comunicación Conservadora y Controladora vs. la Innovadora y Horizontal
Podemos reconocer tres estrategias básicas de comunicación, todas ellas dependientes de la oposición entre novedad y rebundancia. Por novedad la capacidad de introducir variación en los códigos para dar cuenta de las innovaciones en el universo referencial. Por rebundancia se entiende la incapacidad de introducir variedad, o si se prefiere pérdida de variedad.
Una comunicación totalmente innovadora respecto a sus códigos, sería incomprensible. No obstante, este tipo de expresiones se han utilizado conscientemente en el arte a lo largo de la historia: todo nuevo movimiento artístico supone, precisamente, la puesta en juego de una forma novedosa de codificar la expresión. De ahí el rechazo inicial y la dificultad para entenderlo. Se hace necesario un período de aprendizaje de los nuevos códigos, marcado por las vanguardias artísticas de cada época. Lo podemos designar como comunicación estética o contra comunicativa, justo por la dificultad respecto a su comprensión (Martín S., 78; p. 117).
Una segunda estrategia comunicativa se define cuando los códigos se ponen al servicio, por así decir, de los datos de referencia: se hace un esfuerzo por ofertar un repertorio de datos sobre la realidad, revelando el sistema codificante que se ha utilizado. A esta estrategia de comunicación la podemos llamar innovadora porque permite introducir la novedad respecto al universo referencial, ampliando el conocimiento sobre la realidad. Un ejemplo claro de este tipo de intención comunicativa es el discurso científico (Martín S., 78; p. 108).
La tercera estrategia comunicativa se orienta a la conservación de los códigos y utiliza el acontecer para reafirmarlos ajustando los datos de la realidad al sistema ordenador o codificante establecido de antemano, el cual por lo demás, no se explicita. Los datos se ponen, por asi decir, al servicio del código. A esta comunicación la designaremos conservadora (Martín S., 78; p. 109). Ejemplos de ella las tenemos en las telenovelas de quinta versión o en los grandielocuentes titulares de periódicos que no se refieren al texto de la nota, sino marginalmente.
Tenemos varios indicadores que nos permiten concluir que la comunicación finisecular es profundamente conservadora: la enorme proporción de tiempos y espacios en los productos comunicativos destinados a información de diversión y entretenimiento: cuántas horas de transmisión de radio y televisión se dedican a melodramas, musicales, deportes, series de aventuras, frente a las horas que se dedican a programas de temas científicos o artísticos -sin que medie el chantaje de "la alta cultura al alcance de todos". Cómo comparar el tiraje del libro vaquero frente al de cualquier revista de divulgación científica.
Y qué decir respecto al periodismo, que podría ser una práctica comunicativa entre la innovación y la conservación: se ha demostrado que el periodismo, víctima del presentismo, pierde capacidad analítica y se pierde en las exigencias de la inmediatez y lo vendible. Es decir, privilegia fórmulas sobre contenidos (Martín S., 93; p. 311 y ss).
De pronto hemos llegado a pensar que ésta es la esencia de la comunicación: crear imágenes, mientras más fastuosas mejor. Vivimos, comunicativamente, el dominio del espectáculo y la oculencia mediática, donde el objetivo es logar impactos, aunque sean momentáneos y pasajeros. Estamos obsesionados por las imágenes, por la formas y se ha perdido de vista el contenido.
Pero esta situación prolongarse indefinidamente. Apúntabamos arriba, que el público también exige a la comunicación: le exige modelos, respuestas que le conforten y que le permitan incorporar el acontecer en sus marcos de entendimiento. Si la comunicación institucional exagera en la estrategia de ajustar la realidad a los códigos -en lugar de explicar esa realidad-, se corre el riesgo de divorciar la comunicación de la realidad y de dejar de otorgar sentido al acontecer. Al alejare de la realidad, la comunicación se torna poco útil: ése es el límite de la estrategia conservadora de comunicar y se asocia al límite del proyecto hegemónico, que así manifiesta su decadencia.
La concepción y estrategias conservadoras, sólo se entienden desde un punto de vista, desde el punto de vista de una hegemonía decadente, pero que todavía aspira al control.
Al principio de la exposición nos preguntábamos cómo se piensa y se diseña la comunicación. Ahora podemos regresar a la respuesta: la comunicación se piensa como un medio de control, basada en principios de exclusión y falta de reconocimiento. Se diseña como una estrategia conservadora, donde los códigos camuflageados y la realidad es de continuo ajustada a los códigos preestablecidos, tanto en los relatos de ficción como en los periodísticos (Martín S. 93; p. 311 y ss). Se realiza basada en técnicas de redacción, de producción, etc., donde la re-flexión sobre la realidad social se simula. En nuestras sociedades la comunicación institucional se utiliza principalmente, para mantener un hegemonía que ya poco o nada tiene qué decir, y que por ello se atrinchera en un discurso vacío, redundante -es decir invariante- por necesidad, donde el único objetivo es mantener una imágen del sistema social, de un proyecto que ha llegado a su límite, pero que se resiste al cambio. Una comunicación camuflada en formas espectaculares, en donde la forma de tan repetitiva, ya ni es contenida
De ahí la apuesta por una enseñanza de la comunicación preocupada por las fórmulas de redacción, de producción, donde se otorga 10 a los alumnos que mejor imitan tal o cual noticiero, bajo la consigna de "así es como deben hacer las cosas".
Por supuesto que hay otras posibilidades de comunicación. Esta afirmación la hacemos desde los planteamiento teóricos, la estrategia innovadora y aún la estética, descritas arriba; pero también con referentes históricos: el sistema de masas en su orígen se uso para una comunicación innovadora y propositiva. Sociológicamente, las propuestas más avanzadas e interesantes sobre la comunicación organizacional, de alguna manera apuntan hacia estas estrategias innovadoras.
Esta forma de concebir la comunicación implica los criterios de reconocimientos del Otro, y la inclusión y la seducción. El reconocimiento, porque solamente si se reconoce al Otro, al que es distinto del Yo o del Nos, se puede incluirlo en la construcción de una comunidad, que al fin de cuentas es de lo que se trata la comunicación, justamente a partir delas diferencias. Y la seducción, porque es la capacidad de compartir un proyecto común, donde las pasiones se compartan y permitan e impulsen el compromiso, esa promesa compartida que está a la base de todo grupo que cohabita.
Se podrá argumentar que es una visión ingenua, u tópica.
Respondemos, de la mano de otros pensadores, que es cuestión de romper las trabas ideológicas y de atreverse a pensar la comunicación de otro modo, como vehículo de libertad y seducción.
Notas al Pie:
(1) Es notable y así lo ve también García Canclini, las complementariedad que cabe entre las nociones de hegemonía en Gramsci y de dominio en Bourdieu.Regreso
Referencias y Apoyos Bibliográficos:
BRAUDILLAR, Jean: De la seducción, Catedra, Madrid, 1989.
BOURDIEU, Pierre: El sentido práctico, Taurus, Madrid, 1991.
________: "Algunas propiedades de los campos" y "Lo quiere decir hablar" en: Sociología y cultura, CONACULTA/Grijalbo, México, 1990.
GARCIA C., Néstor: "La sociología de la cultura", en Sociología y cultura, op. cit.
HABERMAS, Junger: Teoría de la acción comunicativa I, Taurus, Buenos Aires, 1989.
MARTIN BARBERO, Jesús: De los medios a las mediaciones, GG, México, 1987.
MARTIN SERRANO, Manuel: La mediación social, Akal, Madrid, 1978.
________: La Producción social de comunicación, Alianza, México, 1993.
MOLES, Abraham: Teoría estructural de la comunicación y sociedad, Trillas, México, 1983.
PORTELLI, Hugues: Gramsci y el bloque histórico, S. XXI, México, 1979.
SERRANO P., Rafael: "Reproducción e innovación" en cuadernos de formación docente Nº 25, mayo 1998, UNAM Acatlán.
http://www.cem.itesm.mx/dacs/publicaciones/logos/mcluhan/repro.htm

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